Abriste en mí un cofre
fangoso dejando brillar cristales maravillosos, tu risa inmersa en lágrimas y
dolor, me reprocha la impureza de mi alma sin saber el por qué.
Mi mente idiota embrutece, ¿son
acaso látigos tus palabras que azotan el burro inocente hasta que la última gota
de alma pierde?
Es tu corazón el que brilla
yo lo veo pero estoy ciego, tus lagrimas saladas pruebo
y solo distingo lo efímero de lo eterno.
septiembre 29 de 2011
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