En la brisa de una
noche de luna llena, luciérnagas iluminaron el cielo y con un par de ranitas
croando, conseguí ver la oscuridad del mundo y lo quise conquistar; por medio
de aventuras que jamás volveré a soñar.
Sentado en los
recuerdos de mi infancia veo a mi padre llegar junto cada atardecer dando un
suave arrullo a la noche de luna lunera.
Pasaron tristezas y
lagrimas pero la alegría y amor de mi hogar me ayudaron a conquistar la
realidad.
Mis hermanas y mi
hermano son los pilares de mis sueños,
para ellos cada noche pido amor, pido paz y pido un mundo sin maldad, un mundo
como el que soñé, un mundo lleno de música lleno de pasión, lleno de comida
para el corazón.
Cada noche es el
reflejo soñado de un mañana para vivir.
Un día cualquiera de febrero.